Quién decida comenzar a estudiar la empresa para diferenciarse, debe conocer la empresa de ayer. La empresa evoluciona y con ella, la acción empresarial.
Los conocimientos, en cambio, están sometidos a la inercia del aprendizaje, agravada a veces, por la pereza y el desconocimiento de quienes enseñan.
Aunque parezca una controversia, existen numerosos “campos del desconocimiento” de la acción empresarial.
Una empresa que aspire a competir y sobrevivir en el contexto actual, debe dialogar con sus clientes, debe ser capaz de interpretar las demandas que recibe y responder a ellas.
Pero para poder dialogar con el mercado, una empresa debe ser capaz de mantener su propio diálogo interno.
En un contexto turbulento como el actual, nadie puede sentirse fuerte por lo que es: la única fortaleza posible es la que proviene de ser capaz de responder, de poder dejar de ser lo que se es para ser lo que sea necesario.
Recuerde que siempre existe la posibilidad de hacer una elección propia: puede intentar convertirse en un empresario proactivo, con una clara proyección al futuro, o adherirse a la corriente de la inercia de los empresarios bomberos, “apagando incendios” conforme se presentan las dificultades.
La decisión, es suya.
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