Mucho se ha dicho sobre comunicación humana: quién no recuerda al emisor, receptor, los canales de la comunicación, las barreras que surgen, la formalidad e informalidad de la comunicación, ¿pero alguien se puso a profundizar un poco más sobre el tema? ¡Los desafío a ir más allá de lo conocido!
Los seres humanos no somos todos iguales pero lo que a todos nos caracteriza es que vivimos comunicándonos: nos comunicamos cuando salimos a la calle a comprar algo, nos comunicamos con nuestros jefes, con nuestros subordinados, nos comunicamos en una cena con amigos, con la persona que nos recibe el vehículo en el estacionamiento, con nuestra pareja, con nuestros hijos, con los amigos de nuestros hijos. Y no sólo nos comunicamos de forma presencial, sino que también lo hacemos a través de la tecnología, como ser el chat, el mail, el celular y así sucesivamente.
Vivimos comunicándonos y cuando nos comunicamos hablamos y escuchamos; la novedad para algunos es que el hablar y el escuchar no es lo mismo, sino que son fenómenos distintos. Erramos en suponer que todo lo que decimos es escuchado de la forma en que lo decimos.
Nos pasa en la cotidianeidad que hablamos y sin darnos cuenta, en ese hablar muchas veces emitimos juicios de valor respecto de las cosas o respecto de otro y creemos que esos juicios de valor son reales, sin darnos cuenta, dado que hablamos en “automático”, que esos juicios son nuestra forma de ver las cosas, la forma en que estamos interpretando al otro o a las circunstancias que nos rodean. Lo mismo desde la escucha, cuando escuchamos lo hacemos desde nuestra experiencia, desde nuestra educación, desde nuestros principios y aquí es donde aparece el desafío de la comunicación y donde muchas veces aparecen “ruidos”.
- Pero cómo… si vos me dijiste que llegabas temprano y son las 21 Hs.!!!!
- Si y...?, es temprano para mí!
Para comunicarnos es necesario saber que tanto al hablar como al escuchar se ponen en juego subjetividades y dentro de éstas, nuestras formas de interpretar las circunstancias. Vivimos en mundos interpretativos, es imposible no interpretar, la cuestión es si en esas interpretaciones estamos abriendo posibilidades en lo inmediato y a futuro o las estamos cerrando, tanto sea para nosotros mismos como para otro.
Comunicarnos efectivamente implica hablar responsablemente, sabiendo que nuestro decir produce consecuencias en el entorno y escuchar comprometidamente, sabiendo que desde el compromiso de mi escucha, serán los resultados que obtenga.
Las empresas, las familias, los colegios, las clínicas, entre otras organizaciones, todas constituyen redes comunicacionales, donde se ponen en juego ambos fenómenos: HABLAR Y ESCUCHAR. Dependiendo de cómo sean esas conversaciones, será la cultura que tenga ese colegio, esa clínica, esa familia, esa empresa y la forma de producir sus resultados.